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Historia del perfume y de los aceites.
Desde la noche de los tiempos, el "perfume" ha sido sinónimo de
riqueza, cultura y civilización, y el oficio del perfumista se asociaba siempre
al del médico, curandero o sacerdote; de hecho, las materias aromáticas
manipuladas por el antiguo perfumista poseían a menudo propiedades curativas
hasta el punto que los perfumistas árabes, israelíes o egipcios no sólo
componían perfumes, sino que iban mucho más allá componiendo también inciensos,
baños, ungüentos, bálsamos y cosméticos concebidos como remedios para
proporcionar refinados placeres y recuperar la salud.
En cualquier libro
de farmacopea tradicional se encuentran referencias directas a las propiedades
curativas de las sustancias aromáticas.
La costumbre de tratar el cuerpo
con aceites aromáticos se remonta a hace más de dos mil años antes de Cristo.
También la Biblia contiene citaciones sobre el uso de aceites esenciales tanto
con fines terapéuticos como rituales. Tan antigua como conocida es la costumbre
de quemar incienso en las iglesias (simbología ligada a la purificación), ya que
induce a la relajación y a la meditación para favorecer de este modo la relación
con lo divino a través de la oración.
Los
antiguos egipcios son considerados los verdaderos padres de la Aromaterapia debido a que empleaban una gran variedad de sustancias
aromáticas tanto durante la celebración de ritos religiosos y ocultistas como en
las prácticas terapéuticas ordinarias como por ejemplo baños, masajes, etc. Como
testimonio cabe destacar que la fórmula más antigua conocida para la composición
de un perfume es una inscripción jeroglífica de hace cuatro mil
años. Asimismo, es famosa la cosmética aromática de los egipcios ligada a las
complejas técnicas de embalsamado. La "cultura de los aromas" la transmitieron
los egipcios a los griegos, con los cuales floreció la primera industria
perfumera de la que se tiene noticia. En Italia los primeros testimonios
sobre el uso de perfumes y derivados proceden de la civilización etrusca; se
piensa que la difusión propiamente dicha del uso de esencias y perfumes en
nuestra península tuvo lugar tras el encuentro de la civilización helénica con
la antigua civilización romana.
Los antiguos romanos de la época republicana hacían gran
uso de perfumes, y cabe destacar que lo consideraban algo a lo que no se podía
renunciar, no sólo en los célebres baños públicos, sino también en la
preparación de comidas y bebidas. Se narra que en la época imperial se llegó
incluso a utilizar desmesuradamente el perfume y su abuso fue algo común. Naturalmente, se debe a los romanos la
difusión a gran escala en toda Europa del uso de sustancias aromáticas (aceites
esenciales, ungüentos, etc.); relativo a esta difusión fue hallado un testimonio
escrito concreto en Gran Bretaña.
En cambio, el Cristianismo estuvo
durante mucho tiempo en contra del uso personal de perfumes.
En el s. XII, de vuelta a la patria, los cruzados trajeron
consigo no sólo las esencias, sino también el antiguo arte de la perfumería
oriental junto con el codiciado "secreto de la destilación", es decir, la
refinada técnica (que posteriormente se perfeccionó con la alquimia y la
destilación alcohólica) para atraer y capturar el principio aromático de una
planta.
De este modo, tras siglos de olvido, el perfume empezó a
reaparecer en la sociedad como objeto de placer y elegancia, aunque habría que
esperar al Renacimiento para verlo resurgir con los "honores" de la época
romana; fue precisamente en el periodo renacentista cuando los perfumistas
italianos alcanzaron su fama universal y fue también en esta época cuando
Leonardo da Vinci escribió el tratado "Sobre las técnicas modernas de la
absorción de las infusiones". En Francia, la gran moda de los perfumes fue
introducida por Caterina De Medici, y posteriormente, en los tiempos de Napoleón
I, este país se convertía en la tierra clásica de la industria perfumera moderna
(especialmente Grasse, que fue conocida como "La cité des parfums").
Florencia y Venecia siguieron siendo los centros de producción de
perfumes más importantes de Europa hasta finales del s. XVIII, cuando en Italia
"el arte del perfume" se precipitó en un rápido decline.
A principios
del s. XIX, en Alemania se fue afirmando con gran éxito el Agua de
Colonia, ideada por un italiano y elaborada con materias primas importadas
de Italia.
Los
árabes, en la época de las antiguas incursiones en Extremo Oriente, saqueaban
conspicuas cantidades de especias como Casia, Sándalo, Nuez moscada, Mirra,
Clavo de olor, etc., que también ellos utilizaban tanto en perfumería como en
medicina (en la que fueron considerados auténticos maestros). Entre ellos cabe
destacar a Avicena, médico y letrado de Arabia que vivió a caballo del año mil,
que además de dejarnos un libro dedicado por completo a la Rosa (la flor más
apreciada en el Islam), inventó el serpentín de refrigeración, fundamental para
llevar a cabo las tareas de destilación.
En China, desde hace milenios y todavía
hoy, los aceites esenciales se emplean para aliviar trastornos psíquicos y como
remedio para numerosos tipos de inflamaciones combinándolos con técnicas de
acupuntura. Ahora que esta breve historia del perfume llega a la Edad
Contemporánea, ante todo debemos constatar cómo hoy la Humanidad consume
cantidades de materias olorosas como nunca lo había hecho en el pasado. La
mayoría de éstas se fabrican en artificialmente y sus aplicaciones son tan
variadas que no se pueden comparar con las de épocas anteriores. Esta
enorme difusión del perfume, característica del s. XX, ha sido posible gracias
al extraordinario desarrollo de la química orgánica. No es una
casualidad que en estas últimas décadas se haya extendido considerablemente el
empleo y conocimien
to de los Aceites esenciales. El gran redescubrimiento de la
aromaterapia es una demostración innegable de esta tendencia.
http://www.taliaessenze.com/asp/storia_sp.asp
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